
No he podido escribir en días, tuvimos oracion en la casa y apenas ahora hemos terminado. Espero no dejar nada afuera de todo lo que ha pasado. Aquella tarde la matrona de la cuarta casa, Fiernel, tomó mi mano para ir a buscar ingredientes para sus hechizos…
Es común que las matronas tomen a los varones de la mano para guiarlos, así demuestran su superioridad y su estatus, así que no me resistí y la seguí sumiso y en silencio.
“Tus manos finas son muy aptas para cortar los frutos que necesito” me dijo cuando salimos de la villa.
“Gracias matrona” le respondí afable. La elfita es muy bella y recuerdo que muchas veces jugamos juntos cuando éramos pequeños.
Estuvimos un rato buscando las hojas y frutos que necesitaba; llevar el cuchillo resultó muy útil y la matrona me felicitó por ser precavido y cuando el sol se ocultó ya teníamos todos los ingredientes que necesitaba; pero no me llevó a casa entonces sino que nos quedamos en el bosque, en un prado de pequeñas flores.
La matrona me recostó en la hierba y tocamos nuestros labios por largo rato, tocó mis mejillas e hizo mimos en mis puntitos; cuando salió la luna nos abrazamos mirándola por un rato mas, sin decir ni hacer nada, fue un rato muy agradable hasta que por fin se levantó y tomó mi mano para ir de vuelta a la villa.
Se que le agrado pero a veces me duele un poquito que no me diga nada y que luego de esos ratos felices se vaya sin decir nada y pasen meses sin verla de nuevo. Seguramente habría estado triste por días si no fuera porque nuestra madre matrona tenía mucho trabajo para todos.