Elrimir y la caza del faisán.

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Ayer fui de cacería con Elrimir, el semielfo. Es uno de los mejores cazadores del pueblo y sin embargo no muchos varones lo invitan a sus partidas de caza. Yo no soy buen cazador asi que siempre que hay necesidad de salir trato de ir con él…

Desde la noche anterior preparamos lo indispensable; como yo fui quien lo invitara, empaqué comida para ambos, y algo extra pues Elrimir no come igual que cualquier elfo, necesita mucha comida para mantener esos enormes músculos suyos. Empaqué también algo de vino élfico y las capas para la lluvia.

Cuando los varones salen de cacería no llevan sus túnicas habituales sino ropa de caza que es mas resistente, y te deja moverte mas libremente. Botas de cuero para evitar mojarte demasiado y el cinto con una daga.

Antes que saliera el sol, Elrimir ya estaba afuera del árbol esperándome, salí de prisa tras recibir la bendición de mi matrona y lo saludé afable. Nos alejamos de la villa y nos internamos por un camino pequeño que lleva hasta las primeras colinas pasando el valle, es ahí donde la vegetación es mas espesa y hay mejor caza.

Si cazábamos una buena pieza ambas casas tendríamos alimento para un par de semanas por lo que las matronas nos habían llenado de bendiciones y habían puesto hechizos en nuestras flechas para no errar los tiros. Yo además tenía curiosidad por escuchar las historias de Elrimir; desde hacía un año su vida había dado un gran cambio, y junto con la de él, la de todo el pueblo, porque aunque no les gustara admitirlo, gracias a Elrimir recuperamos nuestro valle escondido.

Nos internamos por el bosque hasta que el sol comenzó a alumbrar el horizonte. Habíamos querido atrapar algun animal grande, un jabalí o un ciervo, pero siendo solo dos y yo no muy bueno con el arco decidimos que sería mas fácil buscar algun pastizal y cazar un faisán. No proporcionaba tanta carne, pero era igualmente delicioso y las plumas servían para hacer adornos para los trajes de las matronas y para rellenar almohadas y cobijas suaves para el invierno. Los faisanes salían temprano a buscar su alimento y con la luz del sol baja sería mas fácil sorprenderlos y cazarlos. Elrimir me pedía que usara mi olfato fino para olerlos; él se encargaría de hacer el primer tiro, asi al menos tendríamos uno.

Encontramos un sitio adecuado. Elrimir hizo un gesto para que no hiciera ruidos. Ambos nos agazapamos entre los arbustos en la linea de los árboles mientras escudriñábamos el paisaje en busca de los nidos.

Entonces lo vi. Un hermoso macho estaba saliendo de entre los árboles apenas a unos metros mios, a un costado de nosotros.

Toqué suavemente el brazo de Elrimir para que lo notara; mientras en la mente me aseguraba que fuera una buena presa; ¿ya tienes pequeños que ocupen tu lugar? ¿la madre no te necesita?  El animal pareció mirarme por unos segundos orgulloso, como asintiendo y justo en ese momento, Elrimir me dijo que tirara, “esta cerca, puedes hacerlo.”

Tensé mi arco y apunté lo mejor que pude. “Dame tu vida para que los mios puedan vivir,”  dije en la mente y disparé, nervioso de que pudiera errar y dejar al animal moribundo, pero al parecer los hechizos de las matronas eran buenos porque la flecha fue certera y el animal cayó casi de inmediato. Elrimir seguía con su arco tenso  mirando al pastizal y pronto supe porqué.  Cuando tiré mi flecha y el faisán se movió antes de caer varios mas volaron entre el pastizal y Elrimir tiró dos de ellos antes que se dispersaran por la pradera.

“Bueno, creo que eso es suficiente; iré por ellos” dijo sonriente, bajando su arco y apresurándose a ir por las aves caidas. Yo asentí bobamente y me dirigí a donde estaba el que yo había cazado. Tenía una sensación extraña en el estómago, no me gustaba matar pero estaba emocionado por haberlo hecho bien; sentía pena por el animal pero a la vez sabía que lo hacía por necesidad y no por gusto. Cuando llegué al lado del animal retiré la flecha y agradecí a su espíritu por la comida que me brindaría a mi y a mi familia y dejé en el lugar un puño de semillas para la hembra que debía tener ya sus críos.

Después tomé al animal, lo até a mi cinto y regresé donde Elrimir terminaba sus propios ritos de agradecimiento para volver a casa.

“¿Has ido a la villa humana?” le pregunté mientras caminábamos de regreso, ya no había necesidad de guardar silencio.

“Claro que no,” respondió el Semielfo con una sonrisa ladeada “abuelita Luonnatar lo tiene prohibido” dijo, pero supe que mentía, me mostró un cuchillo nuevo, con una hermosa hoja de metal aunque el mango era algo burdo.

“¿tu matrona esta bien?” le pregunté sonriente tras admirar su hoja humana. El asintió y me habló brevemente sobre su hijo, el rostro de Elrimir se iluminaba cada vez que hablaba de ellos. Debía ser hermoso tener una matrona y un pequeño, le dije que me alegraba por él y era cierto aunque también lo envidiaba un poco por su buena suerte.

Mi madre se puso muy feliz cuando llegué a casa con el faisán que había cazado yo mismo. Elrimir compartió parte del otro con nuestra casa, un animal era suficiente para su madre y él, y la otra mitad la cambiaría por provisiones en el mercado.

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